Un clásico de doble vía

Se decía “clásico” y ya se imaginaban partidos cerrados, con triple candado.  Este fue distinto, que el marcador empatado no te engañe.  Los nuestros salieron a buscar el partido desde un principio.  Ellos partieron pensando que no eran los necesitados, por eso se pararon a esperar los espacios.  No llegaron pronto pero llegaron amplios y en varias ocasiones.  Como buen ingeniero, Ronald logró hacer de su equipo varios minutos un equipo constructor de jugadas.  Los de Medford demostraron que están automatizados para contragolpear.  Cada vez que se venían, era casi sin verse.  Con Alas, han logrado armar estas jugadas de memoria.  En ese subibaja vertiginoso los cremas armaron 2 jugadas que nos parecieron ser gol, en una Hagen y en otra la velocidad del viento hicieron que no entrara.  No recibimos el fruto del esfuerzo.

Encontramos un santo en nuestra portería, con clarividencia sabía hacía donde iban los disparos.  Ni Gasparín voló tanto para salvarnos.  Llegó al punto de que el abuelo despejó mal, Lalin no la esperaba y la dejó cual mejor pase para el delantero rival… pero ahí estaba Irazún omnipresente diciendo: “aquí estoy”.

El primer tiempo no dio para más.  Ceros colgados cual argollas, la saliva atragantada en la garganta.

Para el segundo tiempo no queríamos más sorpresas así que no cedimos tanto espacio.  Medford sintió que ya daba tiempo de sacar la artillería pesada.  Iban 14 minutos cuando un despeje sin mayor susto llegó a la cabeza del Gringo que nunca le perdió la fe al balón.  Su pivoteo cayó en dominios del Colo, cual tanque armó su artillería, su marca siguió pensando que la bola era inofensivo.  El bombazo estremeció a Hagen ya que su mano sintió como el balón perforaba su ángulo.  Nada que hacer para evitar el gol de “Playstation”.  Algarabía del goleador que se sintió volver.

El árbitro acentuó su temor y cada vez menos controlaba el partido, solo atinaba sacar tarjetas por sacar.  El rival se dio cuenta y fue con todo.  Llegó al punto que Baloy se sintió con derecho de practicar sus llaves de judo con Castrillo.  El resultado fue una fractura de nuestro defensa y una amarilla ampliamente protestada por el panameño.  Si la falta no era suficiente, la alegata ameritaba la expulsión.  Ramírez cada vez más se anuló esperando que el partido avanzara más rápido.

Blas, como siempre, buscó y encontró la falta en los linderos del área.  Sintió venir por atrás a Elías y no dudo en piscinear.  El resultado: un tiro libre sorpresivamente marcado por Pappa ya que Irazún esperaba el tiro de Kamiani, nada que hacer mas que tocar la bola adentro del arco.

El partido terminó caldeado, expulsados el abuelo y De León.  El empate no dice lo mismo de los últimos clásicos.  Fue otra historia con final igual.  Nos toca seguir sumando puntos y esperar la segunda vuelta para arengar a los nuestros.  Seguramente esta vez el apoyo desde las gradas si se hará sentir.

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